Con motivo de la semana Mundial de la Lactancia Materna, que acaba hoy, repasamos los puntos que nos parecen más relevantes en el ámbito de la Nutrición.
La
OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses.

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A partir de esta edad y en función del desarrollo del niño se debe iniciar la alimentación complementaria a la lactancia, siendo ideal que el propio bebé regule su demanda de leche y otros alimentos.
La frecuencia de las tomas depende de múltiples factores, pero oscila entre las 7 y 12 tomas diarias siendo más largas las del recién nacido y más eficientes las de niños mayores. Los especialistas recomiendan la lactancia a demanda, por lo que es importante identificar y prestar atención a las señales que emite el bebé (mover la cabeza, abrir la boca, llorar…).
Beneficios madre
Mayor facilidad para volver al peso corporal habitual.
Mayor facilidad para
recuperar el tono uterino.
Menor probabilidad de presentar osteoporosis
Riesgo inferior de cáncer de ovario y mama, especialmente en períodos de lactancia superiores a un año, por las siguientes causas:
Producción constante de leche que modifica la actividad normal de las células mamarias
Más conciencia y autocuidado por parte de las madres, mejores hábitos alimentarios e higiénicos en este período
Se reducen los ciclos desde el embarazo hasta la recuperación tardía de la menstruación, por lo que disminuye la actividad estrogénica
Beneficios niño
Los bebés alimentados a través de lactancia materna gozan de un sistema inmune reforzado al recibir anticuerpos y flora intestinal protectora
Se crea y refuerza el vínculo madre-hijo que evoca sensaciones placenteras y seguridad
Disminuyen considerablemente un gran número de condiciones clínicas frecuentes en edades tempranas, entre las que destacan: alergias o intolerancias, enfermedades respiratorias, gases, diarrea o estreñimiento, problemas cutáneos…
En consecuencia, hay un menor índice de hospitalización por infecciones
Composición de la leche
Aunque parezca lo contrario la
composición de la leche materna es bastante constante siendo la dieta de la madre condicionante en pocos nutrientes.
En concreto los carbohidratos, calcio, hierro y proteínas se mantienen constantes aunque la madre no ingiera suficiente cantidad, a diferencia de las grasas que sí dependen en gran medida de la ingesta dietética de ésta.
La leche materna se digiere con más facilidad, tiene una consistencia más líquida que la leche de fórmula y esto provoca un vaciado gástrico rápido, por lo que el bebé tarda menos en tener hambre.
Canal de parto
En función de si el parto es vaginal o por cesárea el bebé adquiere una flora intestinal diferente, que será determinante para su desarrollo y protección.
Los
bebés nacidos por vía vaginal tienen mayor cantidad de Lactobacilos, bacterias protectoras, mientras que los
nacidos por cesárea presentan más Staphylococcus, relacionados con alergias e intolerancias alimentarias.
Tan importante es este aspecto que un bebé nacido por cesárea y alimentado por lactancia materna puede modular de manera notable la composición de su flora intestinal y gozar de mejor salud inmunitaria.
Papel de la nutrición en la lactancia
Las pautas más importantes para la madre en el período de lactancia son:
Aumento de la hidratación, se recomienda beber entre 2 y 3 litros al día
Ligero
aumento de la ingesta calórica, aproximadamente 500 Kcal al día
Seguir una a
limentación variada y equilibrada, con presencia de todos los grupos de alimentos
Algunos alimentos presumen de estimular la secreción de leche materna, como la algarroba o algunos frutos secos, aunque no haya evidencia científica.