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Toda vida es ritmo, al son del tiempo. El ritmo se mantiene día a día, estación a estación, año a año.
¿Sabías que en la piel, también hay ciclo? el pH de la piel disminuye de noche y aumenta de día, hay cambios en el sebo y en la temperatura de la piel. El calor produce sudor, se abren los poros, vasodilatación y aumento del flujo de sangre. Con el frío, ocurre lo opuesto. La epidermis del varón tiene más espesor en octubre, en la mujer tiene más espesor en julio. En ambos, es más fina en abril. La piel está más hidratada en verano, y más seca en invierno. Las dermatitis son más frecuentes en invierno.
Estos lactobacillus como L. crispatus, L. jensenii y L. gasseri, protegen la mucosa mediante varios mecanismos:
A pesar de ello, en determinadas condiciones, la concentración de lactobacilos en la vagina disminuye por debajo de unos niveles críticos, lo que favorece la proliferación de otros microorganismos también presentes habitualmente o de microorganismos exógenos, dando lugar a distintas infecciones.
La microbiota vaginal es muy compleja, en la mayoría de mujeres se encuentra siempre equilibrada y estable con alrededor de 108 bacterias por gramo, esta composición y su pH, puede variar en función del ciclo menstrual, de la edad, del pH, de tu alimentación y de la estacionalidad.
También los tratamientos con corticoides o inmunosupresores, que afectan a la respuesta inmunitaria defensiva del huésped; la diabetes, debido a los altos contenidos de glucosa que favorecen la colonización del tracto genital, la obesidad o deficiencias del sistema inmunitario.
La principal causante de las micosis vaginales es la Candida albicans.
La C. albicans se encuentra habitualmente, aunque en pequeñas cantidades, en diferentes zonas del cuerpo (piel, boca, tracto gastrointestinal o vagina), sin producir enfermedad. Entre un 20% y un 50% de las mujeres sanas asintomáticas tienen su vagina colonizada por C. albicans formando parte de la flora normal, sin que ello signifique que haya infección.
Normalmente no se presentan síntomas porque el pH ácido de la vagina, el sistema inmunitario del huésped y la presencia de una microbiota vaginal equilibrada impiden que C. albicans se reproduzca en exceso. Sin embargo, distintas circunstancias como las que hemos enumerado anteriormente, pueden favorecer el crecimiento excesivo de colonias de C. albicans y desencadenar una candidiasis.
Desde el punto de vista clínico, la CVV se puede presentar de dos formas diferentes:
- Candidiasis episódicas: representan el 80-90% de los casos. Son episodios esporádicos, de intensidad leve o moderada, en mujeres con un sistema inmunitario competente y probable infección por C. albicans, de la que existen más de 200 cepas diferentes ( son las típicas del verano). Al menos un 40% vuelve a desarrollar una nueva infección. Los síntomas característicos son picor en la región vulvar con secreción vaginal espesa y blanquecina. Puede haber también ardor e irritación vulvar, dispareunia (coito doloroso), dolor vaginal o disuria (dolor o dificultad al orinar).
- Candidiasis recurrente (10-20%): se presenta en mujeres con alguna patología previa (diabetes no controlada, inmunosupresión, obesidad, ITU de repetición, tomar antibióticos, comida procesada alta en azucares etc.) y se definen por 4 o más episodios por año, con sintomatología grave e infección causada por Candida no albicans.
El tratamiento convencional de la CVV se hace con antifúngicos por vía oral o vaginal. Aunque la respuesta a estos agentes suele ser buena, es bastante frecuente la aparición de nuevos episodios debido a la persistencia de factores de riesgo o a resistencia de la cándida a los antifíngicos.
Este hecho, unido a la alta prevalencia de la CVV ha llevado a los especialistas a investigar sobre la posible utilidad de los probióticos en este tipo de infecciones, unidos a una intervención nutricional.Las dosis propuestas de probióticos por víaa oral son, como mínimo, de 109 UFC (Unidades Formadoras de Colonias).
Secretan unas sustancias inhibidoras y reducen la accesibilidad de los patógenos a los receptores celulares => bloqueo de la colonización del entorno vaginal.
Tomar por ejemplo, Lactobacillus fermentum y Lactobacillus gasseri vía oral mejora los parámetros vaginales en las mujeres que tienen una microbiota vaginal desequilibrada: bajada del pH vaginal, aumento de lactobacillus y reducción de las otras bacterias.
Otros estudios muestran que la toma de L. rhamnosus, L. gasseri y L. acidophilus por vía vaginal u oral, en paralelo o después de una antibioterapia, mejora el tratamiento reduciendo los riesgos de recidivas de las vaginosis/vaginitis bacterianas.
Lactobacillus crispatus, contribuye a la curación del epitelio dañado de la vagina, acelerando la reepitelización del mismo y protegiéndolo frente a la infección por patógenos. Protege frente a la infección por C. albicans, modulando el sistema defensivo celular del epitelio vaginal, reduce la adhesión y el crecimiento de la cándida, inhibe el crecimiento de C. albicans, inhibe la expresión de genes implicados en la transición de levadura a hifa y reduce la virulencia de C. albicans, modulando la secreción de citoquinas y quimioquinas y aumenta la respuesta inmune celular local.
Crispatus también inhibe la adhesión y la formación de biofilm y la expresión de genes implicados en la formación del biofilm.

Corregir los posibles factores de riesgo.
En CVV, son importantes las recomendaciones dietéticas o en casos de recidivas las intervenciones que hacemos en sanudiet:
NATBIOTICS CND contribuye a recuperar y mantener el equilibrio de la microbiota vaginal.
La administración de probióticos y prebióticos en las infecciones vulvovaginales es una opción terapéutica efectiva, de fácil administración y sin efectos secundarios importantes.