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La piel es el primer órgano en envejecer y constituye un indicador de nuestra edad biológica, aunque no siempre se corresponde con la edad cronológica.
En el envejecimiento cutáneo influyen dos fenómenos distintos e independientes: por un lado, el envejecimiento interno, que refleja las alteraciones del organismo con el paso de los años; por otro, el envejecimiento derivado del exposoma, donde se incluye el fotoenvejecimiento, es decir, los cambios que se producen en la piel por la exposición crónica al sol.
Esta fotografía, muy conocida en dermatología, muestra el rostro de McElligott, un hombre que durante 28 años expuso de forma constante la parte izquierda de su cara a los efectos perjudiciales del sol.
Nuestra piel tiene memoria y con el paso del tiempo, va registrando todas las agresiones que recibe.
Una persona que no ha tenido una protección adecuada en la infancia y ha sufrido quemaduras solares frecuentes tendrá más probabilidades de desarrollar lesiones cutáneas, entre ellas cáncer de piel.
En conjunto, la piel fotoenvejecida suele presentar un aspecto menos luminoso, con manchas, zonas vasodilatadas y arrugas visibles.
Con solo estas tres premisas, tu piel puede experimentar un cambio muy significativo.
¿Qué haces tú para cuidar tu piel? Cuéntanos tu experiencia.