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Buenos días y felices vacaciones para los que hoy las empiezan...
Hoy voy a transcribir un artículo muy interesante que leí hace unos días en @fissac, sobre el envejecimiento de la piel y las citocinas asociadas al "inflammaging" que creo que puede ser de vuestro interés.
Como sabéis, el envejecimiento se define como un declive o pérdida de la capacidad de adaptación a cambios a lo largo del tiempo, causando un deterioro progresivo de la integridad del organismo y de sus funciones.
El proceso de inflammaging tiene impacto en todos los órganos y sistemas del individuo, por lo que la piel no queda exenta de estos efectos. Ésta sufre un envejecimiento tanto intrínseco (o cronológico) como extrínseco (o fotoenvejecimiento), este último inducido por la radiación ultravioleta (RUV) y otros factores del exposoma.
Como sabéis la piel tiene una serie de capas y cada una de ellas envejece de una manera diferente.
La epidermis, la capa más externa, es la que refleja nuestra edad y muestra todos los símbolos y signos del envejecimiento:
En un estudio reciente se ha descrito como la interleucina-17 (IL-17) es la responsable de generar al menos parte del deterioro de la piel asociado al envejecimiento.
Las interleucinas forman parte de un grupo de proteínas que desempeñan funciones inmunitarias, conocidas como citocinas. Sus funciones específicas en la piel, están relacionadas con la eliminación de patógenos externos, incluyendo hongos y bacterias y están muy vinculadas con una variedad de enfermedades autoinmunes e inflamatorias crónicas.
La inflamación es un mecanismo de defensa del cuerpo, con funciones reparadores frente a daños generados. Sin embargo, dicha inflamación se vuelve negativa cuando perdura en el tiempo, facilitando la formación de más daño añadido y el desarrollo de enfermedades crónicas, por ejemplo la psoriasis y por supuesto el envejecimiento de la piel
Hoy se habla de inflammaging como respuesta a un incremento en la expresión citocinas malas. Este aumento contribuye al desarrollo de la inflamación asociada a la edad, que participa en el deterioro de las funciones e integridad de la piel.
Si analizamos un estudio que se realizó en ratas viejas, se vió que si usamos anticuerpos bloqueantes frente a la función de ambas citocinas durante tres meses y analizabamos la piel de dichos ratones viejos tratados después, la inflamación que anteriormente existía en la dermis y epidermis envejecidas ya no estaba presente. Con esto, se pudo confirmar que estas citocinas tienen una gran relevancia en la generación del contexto inflamatorio cutáneo asociado a la edad y que pueden reducirse mediante el bloqueo de su función a lo largo del tiempo.
Por tanto, el uso de terapias que bloquean la función de IL-17A y IL-17F podrían servir para ralentizar la aparición de características propias del envejecimiento en la piel. Sin embargo, aún queda por descubrir cuál es la cantidad requerida de restricción de funciones de estas citocinas. Al tener una función importante en la lucha frente a patógenos externos, su inhibición completa podría acarrear otro tipo de problemas. Por ello, es necesario encontrar el equilibrio entre el bloqueo de su acción excesiva en el envejecimiento, y su función habitual, que es importante para mantener la integridad de la piel. De esta manera, se podrían disminuir los niveles de IL-17A y IL-17 en la piel, reduciendo el deterioro de la piel asociado al envejecimiento, pero manteniendo los niveles suficientes para que estas citocinas lleven a cabo su función antimicrobiana.
La piel está formada en gran parte por células de fibroblastos, que reparan el tejido dañado, y queratinocitos, que sintetizan queratina. Además, ambas ayudan a regular las respuestas inmunitarias de la piel y liberan citocinas para establecer respuestas proinflamatorias.
Los expertos señalan que las citocinas juegan un papel clave en el inicio, gravedad y duración del proceso inflamatorio de la piel, un proceso en el que también intervienen los fibroblastos y los queratinocitos. Así, una producción excesiva de citoquinas proinflamatorias puede exacerbar los problemas de la piel relacionados con la edad, como daño y muerte celular, psoriasis e inhibición de cicatrización de los tejidos, entre otros.
Un estudio,muestra que el colágeno hidrolizado puede reducir la liberación de citoquinas proinflamatorias para preservar la integridad inmunológica de la piel y prevenir infecciones y el tan temido inflammaging.
En este nuevo estudio se ha investigado si los péptidos de colágeno pueden inducir la proliferación y activación de fibroblastos y queratinocitos, así como reducir la respuesta inflamatoria.
Para el estudio, los investigadores analizaron el efecto de tres muestras con diferentes concentraciones de colágeno (2,5 mg/mL, 5mg/mL y 10 mg/mL). Los resultados demostraron que todas las dosis de colágeno indujeron una mayor proliferación de fibroblastos y de queratinocitos, lo que se traduce en una mayor secreción de colágeno y queratina. Por su parte, solo la dosis de 10mg/mL indujo una mayor expresión de procolágeno, el precursor del colágeno tipo I. Se trata del tipo de colágeno más generalizado y que puede llegar a suponer el 90% de todo el colágeno presente en el cuerpo.
Aunque los expertos explican que se requieren más investigaciones para ratificar los resultados, cabe destacar que este es el primer estudio que ha demostrado la eficacia de los complementos alimenticios con colágeno hidrolizado en la inmunidad de la piel y sus procesos inflamatorios.
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