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Estrés y cortisol
No sé si sabías que el término estrés fue acuñado por Hans Selye en 1936 quien, con base a los resultados obtenidos en sus trabajos de laboratorio, observó un “síndrome de adaptación general” en los animales de experimentación como respuesta ante una situación de amenaza.
Normalmente los humanos, tenemos ajustes fisiológicos, psicológicos y de conducta ante una situación de adversidad leve o excesiva y representan la respuesta a lo que denominamos estrés, algo que trastoca nuestra estabilidad tanto física como emocional.
En este caso hay un agotamiento de las reservas orgánicas, nuestro sistema neuroendocrino es insuficiente y se favorece la aparición de desajustes neurohumorales, en la homeostasis energética y en la conducta de la alimentación, dando lugar al establecimiento de una condición fisiopatológica.
Durante un periodo de estrés crónico, junto los niveles de cortisol alto, existe también un aumento de los niveles circulantes de una hormona "la grelina", nuestra señal periférica de hambre.
Cuando el nivel de grelina es bajo y se eleva por una condición estresante pueden llegar a un desorden alimentario conocido como “atracón”es lo que le ocurre a los comedores emocionales.
Aquí tenemos otra hormona clave "la dopamina", involucrada en el consumo repetido de alimentos ricos en azúcar y grasa. En este caso ante una situación de estrés, se inhibe la secreción de dopamina y tendemos a compensar esta falta de algún modo optando muchas veces por la “comida basura”.
Por supuesto que si, es necesario para una adecuada función orgánica, pero en su justa medida ya que una condición de estrés crónico mantenido en el tiempo es capaz de sobrepasar nuestros mecanismos compensadores y favorecer la ingesta de alimento con elevada densidad energética, que junto con un estado de insulina elevada contribuiría al establecimiento de la obesidad.
Los estrógenos a nivel cerebral ejercen modulación sobre la serotonina, noradrenalina y el ácido gama aminobutírico (GABA), y esto se vincula con la sensación de bienestar , la preservación de la memoria y de la cognición.
Los estrógenos parecerían ser capaces de mantener un sutil equilibrio entre las respuestas químicas del cerebro a factores intrínsecos como son los neurotransmisores y a factores extrínsecos como el estrés.
La relación de los estrógenos y los glucocorticoides es clara y se ha visto que comparadas con los hombres las mujeres triplican la respuesta al cortisol durante el envejecimiento.
Altos niveles de cortisol se asocian a un aumento de peso, sofocos, depresión y síntomas de ansiedad, así como también un menor rendimiento cognitivo.
La mejor manera es mediante la determinación del Biorritmo del Cortisol y la DHEA-sulfato en saliva, ya que aporta una información clave sobre la fase biológica de la situación de estrés.
¿Porque medir cortisol y DHEA? Tras un estímulo estresante se produce un aumento de ACTH con aumento de cortisol y el organismo intenta compensarlo segregando DHEA, sin embargo si el efecto es muy prolongado, se llega a una situación de agotamiento adrenal dando lugar a inflamación de bajo grado y síndrome de fatiga crónica.
La mayoría de estrategias están relacionadas con un estilo de vida saludable y en algunos casos la suplementación con evidencia y consultando siempre a un profesional que sepa de qué habla. No vale ponerse hasta arriba de suplementación y no hacer ningún cambio.
Estrategias de estilo de vida
8 suplementos con evidencia para regular el cortisol:
Mis recomendaciones, siempre valorado con la clínica y analítica son:
“La enfermedad nunca surge de la nada, ni de noche a la mañana, se gesta durante años a base de malos hábitos”
Mi consejo final: Toma acción mientras estés sano, no cuando sea tarde.
Feliz Diciembre
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